
El botón de encender
Tu carta solo recibe pedidos cuando la cocina de verdad está lista: horario más un
botón grande de encendido. Al cerrar, se apaga sola.

Recoger, mesa o domicilio
El cliente elige en un toque. Si es domicilio, ve a tu mensajero EN VIVO en el mapa
y puede chatearle con texto, audios y su ubicación exacta.

Pensado para la hora pico
Si la cocina se llena, la carta se pausa sola y le dice al cliente "estamos a tope,
ya volvemos".

Tu carta con tu cara
Plantillas por tipo de cocina: asadero, jugos, italiana, cafetería… tu logo, tus
fotos, tu identidad.

Sabe quién vuelve
La comanda dice si es la primera vez o el de todos los viernes, y el cliente repite
"lo de siempre" en un toque.

La caja, cuadrada
El día completo: qué se cobró y por dónde, qué falta, comprobantes por revisar y
las devoluciones anotadas hasta saldarse.

La transferencia, primero la plata
Si pagan por transferencia, el pedido no entra a la cocina hasta que confirmes que
el dinero llegó. Y si no pagan, se archiva solo a los 15 minutos — sin que nadie cocine
de gratis.

La tablet de la cocina, a pantalla completa
Se abre sin barras, ocupando todo, y la pantalla no se apaga en medio del servicio.
Se cuelga en la pared y se olvida uno de ella.

Cuando estás a tope, pausa
Un toque y la carta deja de recibir pedidos por los minutos que digas, con su reloj a la
vista. Mejor eso que catorce pedidos encimados y catorce clientes bravos.

Cada uno con su PIN
Cocina, caja y mensajero entran con su propia clave de cuatro números, no con la tuya.
Cada pantalla ve solo lo suyo y queda anotado quién hizo qué.